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Tratamiento hormonal en la menopausia

Tratamiento hormonal en la menopausia

La menopausia es el momento en la vida de la mujer en el que, tras 12 meses consecutivos sin tener la menstruación, sus ovarios dejan de funcionar para siempre y termina su vida fértil. Este momento viene precedido por varios años de síntomas causados por el descenso de la actividad hormonal, algo que puede resultar muy molesto si los síntomas son muy intensos y frecuentes. Para las mujeres que sufren la llegada de la menopausia, existe la terapia hormonal sustitutiva, pero muchas tienen miedo a sus posibles efectos secundarios. ¿Es segura o no? ¿Es cierto que aumenta el riesgo de padecer cáncer?

Índice

¿Qué es la terapia hormonal sustitutiva?

Durante la perimenopausia, la etapa previa a la menopausia, comienzan a descender los niveles de las hormonas femeninas estrógenos y progesterona, lo que provoca que las menstruaciones se vuelvan menos frecuentes e irregulares y que aparezcan otros síntomas como sofocos, sudores nocturnos, cambios en el metabolismo, sequedad vaginal, falta de libido, etc. Estos síntomas no duran lo mismo en todas las mujeres ni son igual de intensos. Así, algunas apenas sufren molestias, mientras que otras lo pasan tan mal que apenas pueden continuar con su ritmo de vida. Para estas últimas es para las que la terapia hormonal es más necesaria.

La mayoría de los síntomas que surgen con la llegada de la menopausia están causados por el descenso de los niveles de estrógeno. Por eso, el estrógeno es la base de la mayoría de los tratamientos hormonales para aliviar los síntomas de la menopausia, aunque también se puede emplear la progesterona.

Los estrógenos comúnmente usados para tratar los síntomas de la menopausia incluyen estrógenos equinos conjugados y estradiol. También están disponibles muchos tipos de progestinas; incluso medicamentos combinados.

Tipos de tratamientos hormonales

1- Terapia de estrógeno y progestina. El tratamiento de los síntomas de la menopausia con estrógeno y progestina juntos se conoce como terapia de estrógeno y progestina (EPT, por sus siglas en inglés) o terapia hormonal combinada. Esta terapia suele usarse en mujeres que aún conservan su útero y la progestina, combinada con el estrógeno, reduce el riesgo de cáncer endometrial que puede aumentar el estrógeno por sí solo.

2- Hormonas bioidénticas. El término “bioidénticas” hace referencia a compuestos hormonales que se fabrican teniendo en cuenta la misma estructura química que las encontradas de forma natural en las personas. Esto se determina mediante análisis de sangre hormonales a la mujer para ajustar el medicamneto lo más posible a sus necesidades concretas. Aunque hay pocos estudios realizados sobre este tipo de hormonas, ningún estudio hasta la fecha ha demostrado que las mujeres que toman hormonas bioidénticas presentan menos efectos secundarios graves que las mujeres que toman otras formas de estas hormonas. Por lo tanto, no se sabe si realmente son mejores o no que los medicamentos tradicionales.

3- Terapia de estrógeno. La terapia de estrógeno es muy efectiva al aliviar los síntomas de la menopausia, aunque aumenta el riesgo de cáncer uterino (cáncer endometrial). Por esta razón, se usa solamente en mujeres que no conservan su útero.

Por último, las hormonas se pueden administrar de forma sistémica, es decir, haciendo que ingresen directamente al torrente sanguíneo por medio de tabletas, parches para la piel, inyecciones o aros vaginales, o de forma tópica, es decir, colocadas directamente en el lugar donde deben hacer efecto.

¿Es cierto que la terapia hormonal aumenta el riesgo de cáncer?

Se han realizado diversos estudios e investigaciones para comprobar si la terapia hormonal en la menopausia aumenta o no el riesgo de padecer ciertos tipos de cáncer. Muchos de estos estudios los ha realizado la Women’s Health Initiative (WHI o iniciativa para la salud de la mujer). Estos son algunos de los resultados de estos estudios respecto a diversos tipos de cáncer:

1. Cáncer de endometrio. Los estudios muestran que la terapia de estrógeno y progestina no aumenta el riesgo de padecer cáncer endometrial, aunque sí aumenta el riesgo de sangrado vaginal anormal. Por su parte, el estrógeno solo sí aumenta el riesgo de padecer este tipo de cáncer.

2. Cáncer de seno. Según el estudio de la WHI, la terapia de estrógeno y progestina está vinculada a un mayor riesgo de padecer cáncer de seno, riesgo que aumenta cuanto más tiempo se siga el tratamiento. La buena noticia es que tres años después de dejar el tratamiento, el riesgo se iguala al de mujeres que nunca han recibido este tratamiento. No obstante, el riesgo no es muy alto, 8 casos de cáncer más de cada 10.000 mujeres que siguen el tratamiento. Y en el caso de la terapia solo con estrógeno, no está vinculada a un mayor riesgo de cáncer de seno.

3. Cáncer de ovario. La WHI no detectó una diferencia real en el cáncer de ovario debido a la terapia de estrógeno-progestina. Sin embargo, un reciente análisis combinó los resultados de más de 50 estudios, incluyendo ensayos controlados aleatorios y estudios observacionales, y encontró que las mujeres que tomaron estrógeno y progestina después de la menopausia tenían un mayor riesgo de padecer cáncer de ovario, aunque es un riesgo muy bajo. En el caso de terapia de estrógeno sola, no hay mayor riesgo.

4. Cáncer colorrectal. Las mujeres que recibieron la terapia de estrógeno y progestina presentaron un menor riesgo de padecer cáncer colorrectal en general. No se observaron diferencias en el caso de la terapia solo de estrógeno.

5. Cáncer de pulmón. La terapia de estrógeno y progestina no está vinculada a un mayor riesgo de padecer cáncer de pulmón, pero sí de morir a causa del mismo.

6. Cáncer de piel. La terapia de estrógeno y progestina no está vinculada a un mayor riesgo de padecer ninguno de los tipos de cáncer de piel.

¿Cómo saber si puedo o no seguir la terapia hormonal?

El médico es quien debe decidir si la terapia hormonal es segura o no en cada caso y qué tipo de medicamentos son los más adecuados teniendo en cuenta el riesgo de base de la mujer para desarrollar cáncer de seno, endometrio, ovario y otros tipos, la intensidad de sus síntomas, si tiene útero o no, el tipo y la dosis de las hormonas recomendadas por el médico, etc.

Por ejemplo, los estudios indican que el riesgo varía en función de la edad. Las mujeres que comienzan la terapia hormonal más de 10 o 20 años después del inicio de la menopausia o a los 60 años o más tienen un riesgo mayor de padecer los trastornos mencionados. Sin embargo, si la terapia hormonal se inicia antes de los 60 años o en el plazo de 10 años después de la menopausia, los beneficios parecen superar los riesgos.

Si el médico considera seguro y adecuado el tratamiento hormonal, será necesario realizarse análisis periódicos y pruebas rutinarias para confirmar que todo va bien y, como con cualquier otro medicamento, usarlo en la menor dosis necesaria por el tiempo más corto posible.

Beneficios de la terapia hormonal

Como hemos visto, la terapia hormonal aumenta el riesgo de padecer algunos tipos de cáncer, aunque este riesgo no sea muy elevado, por lo que muchas mujeres se preguntarán por qué elegir este tipo de tratamiento. El motivo es que también presenta muchos beneficios respecto a otros tipos de tratamientos:

- Es muy efectivo, por lo que se recomienda en mujeres que sufren los síntomas de la menopausia de manera muy intensa y frecuente. De hecho, el estrógeno es el tratamiento más eficaz para aliviar síntomas molestos de la menopausia como sofocos y sudoraciones nocturnas, además de los síntomas vaginales de la menopausia, como sequedad, picazón, ardor y molestias durante las relaciones sexuales.

- Previene la pérdida ósea y reduce el riesgo de fracturas en mujeres posmenopáusicas.

- Algunos datos también sugieren que el estrógeno puede disminuir el riesgo de enfermedad cardíaca cuando se toma durante los primeros años posmenopáusicos.

¿Quiénes deben evitar la terapia hormonal?

Por último, el tratamiento hormonal está totalmente contraindicado para las mujeres con antecedentes actuales o pasados de cáncer de mama, cáncer de ovario, cáncer de endometrio, trombosis (coágulos de sangre) en las piernas o los pulmones, accidente cerebrovascular, enfermedades hepáticas o sangrado vaginal inexplicable.

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