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Menopausia y rosácea

Menopausia y rosácea

La rosácea es una afección de la piel que causa enrojecimiento y vasos sanguíneos visibles en la cara. Estos signos pueden aparecer durante semanas y luego desaparecer hasta el siguiente brote. Además, es un problema más habitual en mujeres, sobre todo tras la llegada de la menopausia.

Índice

¿Qué es la rosácea?

La rosácea es una enfermedad de la piel bastante común que causa enrojecimiento en el rostro, además de la aparición de pequeñas protuberancias rojas llenas de pus.

Aunque puede afectar a cualquier persona, es más común en mujeres de mediana edad que tienen la piel clara.

Los síntomas principales de esta afección son:

1- Enrojecimiento facial en la parte central de la cara acompañado de vasos sanguíneos visibles de la nariz y la mejilla que se hinchan y se vuelven visibles.

2- Protuberancias rojas e hinchadas parecidas al acné que pueden contener pus.

3- La piel puede sentirse caliente y sensible.

4- Problemas oculares como ojos secos, irritados e hinchados (rosácea ocular).

5- Nariz agrandada. Con el tiempo, la rosácea puede engrosar la piel de la nariz, y hacer que esta parezca bulbosa (rinofima).

¿Por qué aparece la rosácea?

Se cree que la aparición de este trastorno viene motivada por una combinación de genética y factores ambientales. Entre los desencadenantes de este problema encontramos las bebidas calientes, las comidas picantes, el consumo de alcohol, las temperaturas extremas, emociones intensas, ingesta de ciertos medicamentos, el uso de productos cosméticos o la menopausia.

Y es que las hormonas sexuales femeninas, especialmente los estrógenos, no solo intervienen en la fertilidad femenina, sino que también forman parte de otras funciones del organismo, por lo que su descenso puede hacer que aparezcan ciertos problemas en la piel como sequedad, eccemas, picores, aumento de la flacidez, disminución del grosor de la piel, aumento de la sensibilidad cutánea, aparición de capilares visibles, acné o rosácea.

Asimismo, los sofocos, muy comunes en la menopausia, y los cambios en la vasodilatación de la piel que producen hace que sea más común presentar la rosácea, sobre todo tras un episodio de sofocos.

Al disminuir el grosor de la piel, esta se vuelve mucho más frágil al frío y al calor, lo que también empeora el problema de los capilares.

¿Cómo tratar la rosácea?

No existe cura para la rosácea, pero el tratamiento puede controlar y reducir los signos y síntomas. La duración del tratamiento depende del tipo y gravedad de los signos y síntomas, ya que es normal tener brotes de vez en cuando.

Entre los medicamentos aptos para tratar la rosácea encontramos medicamentos tópicos que reducen el enrojecimiento (la brimonidina y la oximetazolina reducen el enrojecimiento al estrechar los vasos sanguíneos, aunque su efecto es temporal); otros medicamentos que ayudan a controlar los granos de la rosácea leve (ácido azelaico, metronidazol e ivermectina); antibióticos orales como doxiciclina; medicamentos orales para el acné (principalmente, isotretinoína, que también ayuda a eliminar las lesiones de la rosácea).

Además, las terapias con láser y otras terapias basadas en la luz pueden ayudar a reducir el enrojecimiento de los vasos sanguíneos agrandados.

Cambios en el estilo de vida

Aparte de los tratamientos farmacológicos, se pueden seguir una serie de cambios en el estilo de vida y remedios naturales que ayudan a controlar los brotes de rosácea:

- Evitar los factores desencadenantes, como bebidas calientes o comidas picantes.

- Protegerse la cara del sol con un protector solar de amplio espectro que bloquee los rayos ultravioleta A y B.

- Usar sombrero y evitar el sol del mediodía.

- No frotarse la cara al limpiarla y usar productos de higiene que no contengan irritantes ni químicos.

- Reducir el enrojecimiento con un maquillaje adecuado.

- Darse masajes para reducir la inflamación y la hinchazón.

- Evitar los baños muy calientes.

- Las cremas con vitamina K ayudan a reducir los capilares.

¿Cómo afecta la rosácea a tu vida diaria?

La rosácea te puede provocar angustia, vergüenza y ansiedad al notar cómo tu cara se pone roja y con esos bultitos. También puede causar complejos y asilamiento, afectando a tu vida diaria y haciendo que te sientas insegura y no quieras que nadie te vea.

Si es tu caso, piensa que es una enfermedad como cualquier otra que no es culpa tuya. Sigue los consejos de tu médico para controlar los brotes y, si sientes mucha ansiedad, busca ayuda psicológica. Formar parte de un grupo de apoyo para personas con rosácea, ya sea en persona o en línea, también puede ayudarte a sentirte mejor.

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