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Menopausia sin sofocos

Menopausia sin sofocos

¿Es posible tener una menopausia sin sufrir sofocos? ¿Todas las mujeres que llegan a esta etapa tienen que padecer este síntoma tan molesto, o hay forma de evitarlo? ¿Cuáles son los mejores tratamientos para los sofocos?

Índice

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¿Qué son los sofocos?

Los sofocos son uno de los síntomas más habituales de la menopausia, uno de los más molestos e intensos y, por lo tanto, uno de los que más preocupa a las mujeres que se acercan a la menopausia.

Asimismo, pueden ser uno de los más duraderos, ya que los síntomas asociados a la menopausia no se producen solo con la llegada de esta, sino en los años previos y posteriores, lo que se conoce como perimenopausia y postmenopausia. Por lo tanto, hay mujeres que llegan a padecer este problema hasta 10 años, aunque lo habitual es entre 3 y 5 años.

Para entender mejor qué son los sofocos, hay que saber que es un calor súbito que se extiende por el pecho hasta el cuello y la cara. Además de este calor, que puede durar entre 30 segundos y 5 minutos, los sofocos van acompañados de palpitaciones, enrojecimiento o aparición de manchas rojas, temblores y sudores fríos cuando la sensación de calor se va.

Cuando estos sofocos aparecen por la noche se llaman sudores nocturnos y suelen interrumpir el sueño y ser parte de la causa de los problemas de insomnio y cansancio que sufren muchas mujeres durante el climaterio.

En cuanto a la causa de los sofocos, la disminución de los estrógenos se halla detrás de este problema, ya que esta reducción provoca un desequilibrio que se produce en el hipotálamo, el centro de termorregulación del organismo.

¿Todas las mujeres sufren sofocos?

Aunque es uno de los síntomas más habituales y frecuentes, no todas las mujeres los sufren, y por supuesto no todas lo hacen con la misma intensidad, frecuencia ni duración. Así, mientras algunas mujeres los sufren un par de veces al día, otras los experimentan hasta una vez cada hora.

Según los datos, los sofocos afectan al 80% de las mujeres perimenopáusicas, aunque no todas los sufren con la misma intensidad ni el mismo tiempo. De hecho, la mayoría solo los experimentan entre 2 y 3 años. Solo un 20% los experimentan durante más de 5 años y solo un 15% llega a rondar los 10 años.

Tratamientos para los sofocos

El tratamiento farmacológico más habitual para los sofocos es la terapia hormonal sustitutiva, es decir, la administración de hormonas artificiales que eviten los síntomas asociados a la reducción natural de estas hormonas por la llegada de la menopausia. El estrógeno sistémico (disponible en pastillas, parche cutáneo, gel, crema o aerosol) sigue siendo el tratamiento más eficaz para aliviar los sofocos y sudores nocturnos, además de otros síntomas como sequedad, picazón, ardor y molestias durante las relaciones sexuales.

Este tratamiento es totalmente seguro en la mayoría de los casos siempre que se controle adecuadamente la dosis y el tiempo de administración por parte del médico. Sin embargo, no deben usarlo mujeres con antecedentes actuales o pasados de cáncer de mama, cáncer de ovario, cáncer de endometrio, trombosis (coágulos de sangre) en las piernas o los pulmones, accidente cerebrovascular, enfermedades hepáticas o sangrado vaginal inexplicable.

Además, se recomienda que solo recurran a él aquellas mujeres que sufren los sofocos y otros síntomas de manera habitual y muy intensa, así como aquellas que llegaron a la menopausia en edad prematura, en cuyo caso los beneficios protectores de la terapia hormonal suelen superar los riesgos. Para aquellas que solo los sufren de manera habitual y leve, es mejor recurrir a otros tratamientos farmacológicos, como anticonceptivos o antidepresivos en dosis bajas, o, mejor aún, a remedios naturales. Cuando notes mucho calor, puedes pasarte un cubito de hielo o un paño de agua muy fría por el cuello, la nuca y la cara. Date, dos veces a la semana, un masaje circular por el abdomen con aceite esencial de salvia o aceite esencial de manzanilla romana.

Por ejemplo, evitar el estrés, llevar varias capas de ropa para quitarse o ponerse según se tenga calor o frío, evitar el sobrepeso, darse un baño de agua tibia de 15 minutos, usar ciertas plantas como el trébol rojo o la salvia, recurrir a la relajación y la respiración profunda, evitar las comidas copiosas y picantes, nada de alcohol ni tabaco y llevar una dieta sana, haciendo mucho deporte y bebiendo mucha agua.

Por la noche, es conveniente no arroparse demasiado y que la habitación esté a una temperatura adecuada y ventilada (baja un poco la temperatura de tu habitación para dormir, no hace falta que esté a más de 20º C).

Si tienes sudores nocturnos, puedes tomarte, antes de irte a la cama, una cucharada de miel en agua caliente. El regaliz seco, tomado en infusión de forma habitual, ayuda a conciliar el sueño, por lo que puede ser un buen remedio para las que sufren sudores nocturnos.

Asimismo, existe una serie de alimentos que contienen nutrientes que realizan en el organismo una función parecida a la de las hormonas femeninas, por lo que pueden ayudar a la mujer a evitar y controlar estos temidos sofocos. Algunos de estos alimentos son la soja (que contiene gran cantidad de fitoestrógenos y, además, es fuente de vitamina D y calcio); las semillas de lino (ricas en lignanos que favorecen la actividad estrogénica); los guisantes (que aportan otro tipo de fitoestrógenos (los coumesteranos) que mantienen la flora intestinal sana y ayudan a evitar la pérdida de masa ósea); la alfalfa (gran fuente de fitoestrógenos que ayudan a mantener la actividad estrogénica); o el kuzu (una raíz de origen asiático que es una gran fuente de fitoestrógenos).

En cuanto a las plantas que pueden ayudarnos, destacan las flores de tilo, que se deben hervir y consumir en forma de infusión varias veces al día; la salvia, que se toma también en infusión; el lúpulo, que puedes tomar seco en dos tomas al día; el Dong Quai, que contiene sustancias naturales con una actividad similar a los estrógenos; el trébol rojo, que contiene isoflavonas que ayudan a compensar la falta de estrógenos; o la maca, cuyos esteroles tienen un efecto muy positivo sobre los cambios hormonales.

No obstante, antes de usar cualquier planta, recuerda que algunas plantas pueden interactuar negativamente con algunos medicamentos o interferir en otros tratamientos convencionales.

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