Obesidad y menopausia

Obesidad y menopausia

Durante la menopausia se favorece la ganancia de peso y el desarrollo de la obesidad a causa de los cambios en el metabolismo que se producen en esta etapa, con las graves consecuencias que para la salud tiene el peso excesivo. Por eso, es importante que sepas cómo evitar la obesidad al llegar la menopausia.

Índice

¿Por qué aumenta la prevalencia de obesidad en la menopausia?

La menopausia es una etapa en la vida de la mujer marcada por el cese de las menstruaciones y, por lo tanto, de la vida fértil. La menopausia ocurre a una edad media de 51 años y, debido al aumento de la esperanza de vida de los últimos años, una mujer pasa muchos años en la postmenopausia, lo que significa que es importante que se cuide para evitar las complicaciones que pueden surgir en esta etapa, como el aumento de la prevalencia de la obesidad.

Y es que todos los estudios apuntan a que la menopausia es una etapa en la que se favorece la ganancia de peso y el desarrollo o agravamiento de la obesidad. De hecho, es cuando se encuentra la prevalencia de obesidad más elevada, mayor en mujeres que en varones para casi todos los grupos de edad, y aumenta según avanza esta, obteniéndose valores máximos alrededor de los 60 años. Según un estudio SEEDO, la prevalencia de obesidad más elevada (33,7%) se encontró en el grupo de mujeres entre los 55 a 60 años.

Las causas de este problema son varias. Por un lado, el déficit de estrógenos que se produce con la llegada de la menopausia y, por otro, la edad, que suele ir acompañada de un aumento de la ingesta calórica que no va acompañada de un aumento del gasto energético, sino más bien lo contrario. Por lo tanto, la menopausia no es la única causa del aumento de obesidad en mujeres desde los 50 años, pero sí un factor muy importante.

Como decíamos, la bajada de estrógenos de esta etapa hace que se acumule grasa alrededor del abdomen, así como en la zona de las caderas y los muslos. Esto hace que en torno a los 50 años muchas mujeres engorden entre 2 y 5 kilos. Pero, además, el envejecimiento también hace que nuestro metabolismo se ralentice y, por lo tanto, que engordemos más fácilmente si continuamos comiendo igual.

La masa muscular normalmente disminuye con la edad, mientras que la grasa aumenta. Y la pérdida de masa muscular disminuye la velocidad a la cual tu cuerpo utiliza las calorías (metabolismo), lo que hace que sea mucho más complicado mantener el peso.

El gasto energético basal disminuye casi linealmente con la edad debido a la reducción de la actividad metabólica del tejido magro y la disminución proporcional de éste. A esto se asocia, en general, una reducción progresiva de la actividad física, lo que puede hacer que aumente el peso si se mantiene la ingesta.

Asimismo, la disminución de la actividad del sistema nervioso simpático es un factor de riesgo para la ganancia de peso en humanos. Con la edad aumenta el estímulo simpático, pero se produce una regulación a la baja de la respuesta alfa adrenérgica, lo que puede contribuir al desarrollo de obesidad.

Los estrógenos y la obesidad

La leptina es una proteína segregada en el tejido adiposo que informa al cerebro de la cantidad de reservas energéticas que tenemos y, para igual grado de adiposidad, las mujeres tienen niveles más elevados de leptina que los hombres.

Los estrógenos intervienen en la regulación de esta hormona estimulando su secreción, por lo que está relacionada con los cambios hormonales que se producen en la ovulación (son significativamente más elevados durante la fase lútea) o la menopausia (su concentración declina al llegar a esta etapa).

Los estrógenos también parecen intervenir en la regulación del apetito. La sensación de saciedad estimulada por colecistoquinina (CCK) se ve aumentada por estrógenos.

El descenso de los niveles de estrógenos también se ha asociado con una disminución de la actividad de péptidos opioides endógenos como la β endorfina, lo que influye en la ingesta de grasas y carbohidratos en mujeres postmenopáusicas, que tienen preferencia por los alimentos grasos. 

Otras causas de la obesidad en mujeres

Aún teniendo en cuenta todos estos factores, no está claro por qué algunas mujeres son más propensas que otras a ganar peso. Factores genéticos, socioeconómicos, la historia menstrual y reproductiva o el comportamiento alimentario y la actividad física pueden estar detrás de estas diferencias. 

Por ejemplo, un estudio que comparaba el depósito graso en parejas de gemelas monocigotas y heterocigotas en la postmenopausia mostró que los factores genéticos explicaban el 60% de la variación del acúmulo graso total y abdominal.

Igualmente, las mujeres que realizan poca actividad física, que tiene poca masa muscular, de nivel socioeconómico bajo, que viven solas o que tienen un comportamiento alimentario tendente a la desinhibición dietética son más susceptibles de desarrollar obesidad o de agravarla.

Otras posibles causas según diversas investigaciones son un primer embarazo muy tardío, periodos de lactancia cortos o ganancia de peso excesiva durante las gestaciones.

Cambios en la distribución de grasa corporal

Pero no solo se produce un aumento de peso con la llegada de los 50 años, sino que también se producen variaciones en la distribución grasa, especialmente en la zona del abdomen.

Varios estudios que valoran el índice cintura-cadera y otros indicadores para medir grasa intrabdominal han demostrado que se produce un aumento de la grasa troncular y visceral durante la menopausia a causa de la disminución de los esteroides sexuales.

El tejido adiposo no sintetiza esteroides sexuales "de novo", pero es responsable de la captación, almacenaje, conversión y secreción de hormonas sexuales.Expresa enzimas que metabolizan tanto hormonas sexuales como glucocorticoides y posee receptores para estrógenos, andrógenos y glucocorticoides. Estas hormonas ejercen una fuerte influencia sobre el desarrollo de tejido adiposo regional. 

La lipoproteinlipasa (LPL) es una enzima determinante para la reserva intracelular de triglicéridos y su acción está influenciada por hormonas sexuales. Así los estrógenos y la progesterona estimulan la LPL en adipocitos de la región glúteo-femoral y en mujeres premenopáusicas su actividad en esa zona es significativamente mayor que en grasa abdominal, determinando la tendencia al depósito graso "ginoide". Por lo tanto, al disminuir los estrógenos, aumenta la grasa en la zona abdominal. 

Consecuencias de la obesidad para la salud

La ganancia de peso y de grasa que implica la obesidad tiene consecuencias muy graves para la salud:

- Desarrollo de insulinorresistencia, lo que provoca alteraciones del metabolismo de los hidratos de carbono y la diabetes tipo 2

- Aumento de la hipertensión arterial y la dislipemia con el consiguiente aumento de riesgo cardiovascular, que se iguala entre hombres y mujeres tras la llegada de la menopausia. Así, la menopausia es considerada por sí misma un factor de riesgo cardiovascular. Además, la menopausia quirúrgica y la menopausia temprana comportan un riesgo añadido, ya que implica pasar más tiempo sin la protección que los estrógenos aporta al corazón.

- Aparición de cáncer de mama. El riesgo relativo de sufrir cáncer de mama se mantiene más alto en mujeres con IMC superior a 25 tanto durante la perimenopausia como en la postmenopausia.

- Mayor intensidad y frecuencia de los síntomas de la menopausia en mujeres obesas, como sequedad vaginal, irritación o disuria.

- Otras patologías como la artrosis, la alteración biliopancreática, la disfunción respiratoria y cardíaca, la insuficiencia venosa, el aumento de riesgo de ciertas neoplasias, apneas del sueño, etc.

El único efecto beneficioso de la obesidad en el climaterio ocurre sobre la densidad mineral ósea. Los riesgos de osteoporosis y fracturas disminuyen según aumenta la masa corporal.

¿Qué hacer si sufres obesidad en la menopausia?

Las recomendaciones son las mismas que para las mujeres que no han llegado a la menopausia:

- reducir las calorías ingeridas (una mujer de 50 años con un gasto energético normal debe consumir unas 1.500 calorías diarias). Para reducir las calorías sin perjudicar la nutrición, presta atención a lo que comes y bebes. Elige más frutas, vegetales, cereales integrales, carnes magras y pescados. Limita también el consumo de alcohol.

- evitar alimentos poco saludables como grasas saturadas, ultraprocesados, azúcares, etc.

- aumentar la actividad física diaria. Un programa de ejercicio de intensidad moderada (bicicleta estática, cinta andadora...) realizado durante 45 minutos, 5 días por semana, durante 12 meses, consigue una pérdida de peso modesta, pero con una considerable pérdida de grasa intrabdominal. Es importante también realizar algún tipo de entrenamiento de fuerza para ganar músculos y quemar calorías de manera más eficiente.

Además, aunque muchas mujeres creen que la terapia hormonal sustitutiva (THS) aumenta el peso corporal, los estudios realizados sugieren que la THS se asocia con menor ganancia ponderal durante la menopausia. Igualmente, la THS influye en la distribución de la grasa corporal, permitiendo tener un menor índice cintura cadera en mujeres postmenopáusicas.

Fuente: Obesidad y menopausia. I. Pavón de Paz, C. Alameda Hernando y J. Olivar Roldán. Nutr. Hosp. vol.21 no.6 Madrid nov./dic. 2006.Scielo: http://scielo.isciii.es/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S0212-16112006000900001

Redacción: Irene García

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