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La menopausia y los estrógenos

La menopausia y los estrógenos

La disminución de los estrógenos al llegar la perimenopausia es la principal causa de que los ovarios dejen de funcionar y las menstruaciones se terminen. Pero, además, los estrógenos son unas hormonas que intervienen en muchas otras funciones del organismo, por lo que es normal que la llegada de la menopausia vaya acompañada de otros muchos cambios y síntomas.

Índice

¿Qué son los estrógenos?

Los estrógenos son un tipo de hormonas sexuales, principalmente femeninas, que se producen en los ovarios y en las glándulas suprarrenales (pequeñas glándulas ubicadas en la parte superior de cada riñón).

Estas hormonas son responsables del desarrollo de las características sexuales secundarias femeninas durante la pubertad como el crecimiento de las mamas, la aparición de la menstruación o el ensanchamiento de las caderas.

Al llegar la pubertad, el nivel de estrógenos en la mujer se eleva y se mantiene más o menos estable, dependiendo del momento del ciclo menstrual, hasta la llegada de la perimenopausia, momento en el que su descenso brusco provoca el final de los ciclos ovulatorios y, por lo tanto, la llegada de la menopausia.

Tipos de estrógenos

Existen tres tipos de estrógenos con funciones ligeramente distintas:

1- Estradiol: se sintetiza a partir de la testosterona y es el que se encuentra en mayor cantidad en el organismo femenino desde la pubertad hasta la menopausia.

2- Estriol: se sintetiza a partir de la androsterona y se produce sobre todo durante el embarazo, llegando a aumentar hasta mil veces su nivel. El análisis de los niveles de estriol conjugado sirve para comprobar el estado del feto y de la placenta y puede detectar problemas como la insuficiencia placentaria.

3- Estrona: es el menos abundante de los tres y se sintetiza a partir de la progesterona. Su producción tiene lugar en el ovario y el tejido adiposo.

Principales funciones de los estrógenos

La principal función de los estrógenos es regular el ciclo menstrual y desarrollar los caracteres sexuales secundarios en la pubertad (mamas, caderas anchas…). Sin embargo, también intervienen en otras muchas funciones del organismo:

• Refuerzan el sistema óseo: los estrógenos evitan la pérdida de calcio y favorecen la mineralización, por lo que previenen la osteoporosis. Por eso, este es uno de los principales problemas de las mujeres al llegar la menopausia.

• Mejoran el funcionamiento del sistema cardiovascular: los estrógenos participan en el metabolismo de las grasas y activan la producción de colesterol bueno o HDL, previniendo la formación de placas de ateroma en las arterias y previniendo, por lo tanto, la arterioesclerosis hasta que sus niveles descienden en la menopausia.

Contribuyen al normal funcionamiento del sistema urinario manteniendo la frecuencia de la función urinaria.

Estimulan la libido y el deseo sexual.

Mejoran el aspecto de la piel: los estrógenos intervienen en la producción de colágeno, una proteína del cuerpo humano que forma parte de diferentes tejidos y aporta flexibilidad y elasticidad a la piel. Además, son los encargados de estimular la pigmentación de la piel en la vulva, las aréolas y los pezones. También influyen en el estado de las uñas y el cabello.

Favorecen la llegada de flujo sanguíneo al cerebro y mantiene los niveles de glucosa, necesaria para el desarrollo de las neuronas y ciertos neurotransmisores. Por eso, las variaciones de los niveles de estrógenos pueden afectar al estado de ánimo de la mujer.

Consecuencias de la disminución de estrógenos

Ahora que sabes todos los procesos en los que participan los estrógenos, entenderás mejor por qué al llegar la perimenopausia, la etapa previa a la menopausia, la disminución de esta hormona causa tantos cambios y síntomas en la mujer. Los principales síntomas son sofocos, falta de apetito sexual, problemas para dormir, cambios de humor, irritabilidad y ansiedad, cansancio, sequedad vaginal, piel más seca y arrugada, incontinencia urinaria… Y, a la larga, la falta de estrógenos deja de proteger al cuerpo de problemas como las enfermedades cardiovasculares o la osteoporosis, por eso son problemas habituales tras la llegada de la menopausia.

Para contrarrestar estos problemas, se suele recurrir a la terapia hormonal sustitutiva durante los primeros años. Esta terapia es segura siempre que el médico controle la dosis y la duración de la misma. No obstante, está contraindicada en mujeres antecedentes actuales o pasados de cáncer de mama, cáncer de ovario, cáncer de endometrio, trombosis (coágulos de sangre) en las piernas o los pulmones, accidente cerebrovascular, enfermedades hepáticas o sangrado vaginal inexplicable.

Además, se deben hacer una serie de cambios en el estilo de vida para aliviar los síntomas y mejorar la salud general de la mujer, como llevar una alimentación sana, evitar el tabaco y el alcohol, hacer ejercicio moderado de forma regular 4 o 5 veces a la semana, procurar dormir bien, incluir alimentos con fitoestrógenos en la dieta como las isoflavonas de soja, evitar el sobrepeso o la obesidad, etc.

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